lunes, 29 de marzo de 2010
La Pasión va por dentro (I)
El tiempo ha pasado y he perdido la ilusión. Me falta parte de esa ingenuidad que tiene todo niño, y es que resulta que he visto que las relaciones entre la gente que se supone que va a ayudar no deja de ponerse zancadillas o de criticarse unos a otros. Hablo de un porcentaje alarmantemente escandaloso. ¿Por qué? Bueno, es algo que no me entra muy bien en la cabeza. En todos los colectivos hay discrepancias o diferencias de opiniones, pero la envidia y el odio que se generan hacia otras personas en algunos casos es lamentable. Y se supone en esta clase de sitios, más que en ningún otro, hay que predicar con el ejemplo (ser buenos con el prójimo, y bla, bla, bla…)
Por supuesto que hay personas totalmente desinteresadas, aunque desgraciadamente son los menos. Al final de todo hay que darle las gracias a unos y a otros, pese a sus ideales y comportamientos, porque gracias a todos las procesiones salen cada año, salvo inclemencias del tiempo.
Uno de los protagonistas más visibles dentro de una procesión son los jefes de paso. Estos personajes tienen una complicada tarea, la de dirigir a una tropa de unas 40 personas, para que el paso vaya lo más digno que se pueda. Realmente es una labor muy difícil, ya que a cada orden que da el jefe de paso, se suceden las protestas de 20 personajillos que no están de acuerdo. Estarán de acuerdo conmigo en que esto no se debe consentir, pero ocurre. Y es que podremos estar de acuerdo o no con las instrucciones recibidas, y si es que no se debe decir (ojo, y si es que sí, también) pero de distinta forma a como se hace. Porque la verdad es que cansa, y mucho, la sucesión de protestas que se generan a todas horas…
En los últimos años he decidido cargar durante toda la procesión debajo del paso (me refiero a por dentro, donde normalmente no va nadie). Empecé un año que andaba mal de la espalda, y no quería fallar al compromiso inherente (que por lo visto no mucha gente sabe que lo tiene con el simple hecho de asistir) de tener que dejar colgados a mis compañeros, así que me metí debajo y si podía cargar, pues bien, y si me resentía demasiado, pues bajaba el hombro, dejaba de cargar y no pasaba nada. Además, es un sitio muy cómodo porque te permite ir cambiando de hombro si te hace falta, aunque a veces tengas que coger posturas un poco raras porque el turno sea más bajo que uno, pero se lleva como se puede, que para esto estamos ahí.
Otra ventaja que tenemos ahí debajo es que también es cómodo porque no va mucha gente. Que yo recuerde sólo estamos dos personas más o menos fijas, que vemos cómo van desfilando a nuestro lado un sinfín de personajillos bastante curiosos, que aparecen y desaparecen como por arte de magia. Serían dignos de hacer un estudio más en profundidad. Pensaré en ello y ya os contaré…
Pero ahora quería comentar algunas formas de llevar un paso, siempre desde mi punto de vista y de forma muy somera, ya que desconozco si hay alguna forma “oficial” de nombrarlos…
El paso normalmente va a ritmo de la banda de música de turno, balanceándolo de un lado a otro. A veces ocurre que se junta el sonido de dos bandas que se entremezclan, o que por el contrario apenas se escucha nada, por lo que se marca un ritmo propio y se acabó el problema. Para facilitar la labor de marcar el paso, se da un golpe de horquilla según apoyamos el pie izquierdo.
Luego están algunas variantes con las que se puede adornar un poco la procesión, como por ejemplo el paso ancho (abstenerse en lugares estrechos como en los adarves, que un paso no es un “pint-ball”). Precisamente para estos sitios se utiliza un “pasino” muy corto, sin apenas balancear el paso. También se puede “bailar”, esto es mover el paso hacia delante y hacia atrás. Yo soy partidario de esta práctica, pero en lugares muy concretos, ya que no procede ir todo el rato así, tiene que ser algo puntual. Está bien usarla cuando le cantan una saeta a la imagen o se pasa por algún otro templo o donde sabes que hay mucho público viéndolo, o cosas así. Y ya por último comentaré la “carrerita”, que se suele hacer a la hora de subir alguna cuesta muy pronunciada, como la de Hacienda o la de Clavellinas. A mi personalmente me gusta, pero tiene muchos detractores.
Por ahora lo dejo, que voy a recapitular, porque lo que quería contar ya veo que todavía apenas lo he mencionado, y para variar me he ido por los cerros de Úbeda.
Continuará… (eso creo)
jueves, 25 de marzo de 2010
¿Tienes prejuicios?
Con la liberalización de las costumbres no resulta raro que sujetos con poca oportunidad de expresar públicamente sus tendencias intenten demostrarlas mediante cambios en sus atuendos y en su aspecto físico global.
En los últimos veinte años se ha podido apreciar la proliferación de grupos urbanos de sujetos que se agrupan y definen entre ellos por algunas afinidades ideológicas, que en su mayor parte, simbolizaban públicamente con unos peinados característicos. Todos somos capaces de reconocer a un "skin" luciendo calva, a un "roackabilly" con sus característicos tupés o a un "punky" con esas crestas que les recorren la cabeza.
Evidentemente estos sujetos utilizan un modo de lenguaje no verbal para comunicar a los demás, algún tipo de mensaje de protesta o de reivindicación, a través de su peinado, de su ropa, de sus piercings, ó tatuajes, sus perros o sus hábitos.
Para entender mejor la capacidad que nuestro aspecto físico tiene a la hora de influir sobre otras personas, es necesario detenernos a definir el fenómeno de la atracción física.
El fenómeno de la atracción física es un fenómeno muy estudiado en el campo de la psicología, que se refiere al tipo adicional de información que un sujeto emite con su aspecto físico. Se trata de un fenómeno persuasivo, sutil y sorprendentemente poderoso. Las personas con un gran atractivo físico son percibidas por los demás con más habilidades sociales, con una mejor vida, con matrimonios más felices y empleos mejores, con una mejor vida sexual y que reciben más respeto que aquéllas que tienen un grado menor de atractivo físico.
Interrogados al azar, la mayor parte de sujetos responderían que el atractivo físico de otra persona no tiene una influencia determinante sobre ellos, sobre sus percepciones o sobre su comportamiento. Algunos trabajos desmienten esta sensación y demuestran la capacidad que el atractivo físico tiene sobre el resto de personas a la hora de valorar sus capacidades laborales, sus posibles relaciones interpersonales y también su edad aparente.
Las personas con menos atractivo físico demuestran menos ajuste social, mientras que aquéllos con un alto atractivo físico tienen más citas, más amigos, y experimentan menos ansiedad social.
En relación con el poder social, las personas físicamente atractivas son más persuasivas. Resulta fácil comprobar este hecho en la selección de los actores para actuar en un anuncio publicitario, y por supuesto este tema ha sido seriamente valorado por las agencias publicitarias para poder aprovechar mejor sus breves cuñas emitidas en televisión.
Si nos basamos en tests objetivos de personalidad, las personas con alto atractivo físico puntúan mejor en parámetros como comprensión, orientación, independencia, agresividad, dominancia, resistencia a las influencias externas, autosatisfacción, autoestima y felicidad.
Curiosamente se ha llegado a estudiar la relación entre el atractivo físico ¡y la presión sanguínea! El estudio comprendía 810 hombres y 436 mujeres entre 14 y 76 años. Las personas con menos atractivo físico demostraron tener valores de presión arterial significativamente superiores que los de gran atractivo físico.
Basándonos en un sorprendente estudio que comprendía 128 mujeres y 173 varones entre 18 y 90 años, se pudo demostrar, valorando las diferencias de edad de los examinadores, que las personas mayores consideraban que el atractivo físico de los candidatos, les proporcionaba sensaciones positivas adicionales, y globalmente, tanto los jueces jóvenes como los mayores, asumieron que a las personas de gran atractivo físico se les otorgaba una personalidad más envidiable, haber vivido experiencias vitales más placenteras y haber conseguido un mayor triunfo laboral.
Evidentemente, los factores determinantes en un atractivo físico no son exclusivamente factores relacionados con las características meramente corporales. Los factores determinantes identificados incluyen: la cara y las facciones faciales, partes del cuerpo y sus dimensiones, objetos externos tangibles como ropa y cosméticos, y percepciones intangibles como reputación, logros, familiaridad...
Dentro de la parte estrictamente física y entrando más en detalle, la región oral, los ojos, la estructura facial, el cabello y la nariz fueron las más consideradas.
Dentro del fenómeno de atracción física, podemos valorar algunos aspectos relacionados exclusivamente con el cabello.
En un interesante estudio se propuso a los miembros de un tribunal compuesto por jueces de una magistratura que valoraran las sensaciones que un grupo de personas les sugerían antes y después de ser sometidas a un sofisticado tratamiento cosmético y de peluquería por un estilista de prestigio, a fin de “mejorar” su aspecto físico y aumentar su atractivo. Los jueces valoraron a los sujetos en los que el cabello se había aumentado de manera artificial como más cuidadosos, más atentos, más sinceros, fiables, calmados, propensos a ayudar a los demás, amables, sensibles, organizados y populares, que aquéllos en los que el cabello no había sido cuidado. No se pudo evidenciar ninguna diferencia entre los jueces hombres y los jueces mujeres.
En un estudio ulterior se investigó cuál de las partes de una persona podía influir más positivamente en las sensaciones de quien visualizaba las fotografías, y se obtuvieron los siguientes resultados: Los jueces hallaron que los ojos (33%), la boca (23%), el cabello (7%) y la cara (7%) fueron las partes que más influían. Curiosamente el cabello fue una de las partes que más influyó en jueces de mayor edad.
Otro notable estudio realizado en pacientes psiquiátricos hospitalizados demostró que aquellos que mantenían sentimientos negativos hacia ellos mismos, les condicionaban apariencias negativas en su aspecto físico, que si no eran mejoradas por un tratamiento efectivo, generaban respuestas negativas hacia ellos por parte de los demás, y éstas, a su vez, van a confirmar, a una persona que ya está deprimida, su sentimiento original negativo acerca de sí misma, y consecuentemente, van a hundirla más en su depresión. El mensaje parece evidente, resulta imprescindible mantener el buen aspecto de estos pacientes para ayudarlos a superar su alteración psiquiátrica.
En relación con la calvicie común, ya desde los egipcios, 1500 años antes de Cristo, y pasando por prácticamente todas las culturas, se pueden encontrar infinidad de tratamientos para el pelo tales como masajes, cremas, hormonas, vitaminas, pelucas, postizos, implantación de fibras artificiales y hasta los más modernos microimplantes de cabello. Todos ellos muestran el afán del hombre para intentar conservar el don del cabello.
Unas encuestas realizadas a sujetos después de ser sometidos a cirugía del cuero cabelludo revelaban las siguientes sensaciones: “ya no me veo tan viejo... mi autoestima mejoró... creo más en mí mismo... realmente mi vida ha mejorado desde entonces”.
Rozando el absurdo, en encuestas realizadas en Estados Unidos en las que se pedía las preferencias respecto al cabello, se obtuvieron los siguientes resultados: los hombres contestaron que las preferían rubias y los dos sexos coincidieron en que no les gustaban las personas pelirrojas. En general a las mujeres encuestadas les gustaban más los hombres de cabello oscuro mientras que los hombres en general preferían las mujeres con cabello rubio y claro. Siguiendo con el color del cabello aparecieron algunos resultados sorprendentes. En general, las personas, le suponen a un sujeto rubio una menor inteligencia, una menor seriedad a los pelirrojos y una mayor potencia sexual a los hombres con abundante cabello.
En conclusión, haciendo el símil con el fenómeno de la atracción física, si valoramos exclusivamente el cabello, podríamos afirmar que nuestro cabello es un arma persuasiva, sutil y muy potente para la promoción de nuestra persona.
El aspecto de una persona viene claramente definido por la parte más visible en él. Su modo de moverse, de hablar, de vestir, y sus complementos personales influirán claramente en indicarnos su nivel cultural y económico. Sin duda el aspecto físico de la persona, lo que vemos en ella y que puede o no agradarnos, es la mezcla de todo ello. El color de sus ojos, el modo en que levanta una ceja al opinar, como pasa su mano por el mechón de cabellos que le cae encima de su frente... En realidad, el aspecto de su cabello, es un factor determinante, ya que constituye el único parámetro físico ornamental que es fácilmente modificable a placer por el propio sujeto. Uno puede cambiar de reloj, de gafas, de zapatos, incluso puede llenar sus orejas o nariz con pendientes o piercing pero no puede cambiar su nariz o la frecuencia del parpadeo de sus ojos. Cada vez resulta más fácil modificar el aspecto de nuestros cabellos no solamente ya con acondicionadores, nuevos tintes, nuevos procedimientos de peluquería, que llegan a ser aplicables en casa y que consiguen modificar lo que es un aspecto fundamental en nuestra persona, si no incluso con tratamiento médico o quirúrgico...
La sociedad consumista obliga a una gestión cada vez más competitiva y agresiva. Vamos a ser juzgados no sólo por lo que somos, sino también por lo que aparentamos. Cada vez les resulta más difícil conseguir altos cargos a los que son obesos y descuidados. Algunos niños no controlados por sus padres están empezando con un proceso de automarginación porque sobrepasan los límites de lo que sería su peso ideal y entran así, dentro de lo que no se considera normal o de lo que puede considerarse como algo no tolerable.
Sin duda, en la globalidad del aspecto físico de una persona, existen algunos rasgos determinantes que la hacen atractiva o agradable. La persona consciente, puede utilizar este tipo de información como arma de convencimiento y de autopromoción tanto en la vida emocional como laboral.
En conclusión, y valorando los resultados de estos estudios sobre el fenómeno del atractivo físico, podríamos atrevernos a afirmar que en el futuro, la importancia del aspecto físico aumente aún más, no sólo por estar constantemente señalada y promocionada por los canales de televisión y en los medios informativos, sino también porque existe una tendencia general a incrementar el atractivo físico a través de una apariencia juvenil.
De todos estos estudios se desprende no sólo la necesidad de evitar el deterioro del aspecto físico, si no también de todos los aspectos psicosociales comentados, y que van tan ligados a la buena imagen que podemos ofrecer a los demás, y porqué no, a nosotros mismos.
martes, 16 de marzo de 2010
CERRAR ETAPAS
cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella, más allá
del tiempo necesario, pierdes la alegría
y el sentido del resto.
Cerrando círculos, cerrando puertas,
o cerrando capítulos.
Llamando como quieras, lo importante
es poder cerrarlos, dejar ir momentos
de la vida que se van clausurando.
¿Terminaste tu trabajo?
¿Se acabó una relación?
¿Ya no vives más en esa casa?
¿Debes irte de viaje?
¿Una amistad se acabo?
Puedes pasarte mucho tiempo
de tu presente “recordando”
los porqués, en rebobinar la
cuenta y tratar de entender por
qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito
porque en la vida, tú y yo,
un amigo, tus hijos,
tus hermanos, todos
y todas estamos abocados
a ir cerrando capítulos,
a pasar la hoja,
a terminar con etapas,
o con momentos de la
vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente
añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos por qué.
Lo que sucedió,
y hay que soltar,
hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos,
ni adolescentes tardíos,
ni empleados de empresas inexistentes,
ni tener vínculos con quien no quiere
estar vinculado a nosotros.
No. !Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan importante
destruir recuerdos, regalar presentes,
cambiar de casa, documentos por tirar,
libros por vender o regalar.
Los cambios externos pueden simbolizar
procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida
nadie juega con las cartas marcadas,
y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja,
hay que vivir con sólo lo que tenemos
en el presente!. El pasado ya pasó.
No esperes que te devuelvan,
no esperes que te reconozcan,
no esperes que alguna vez
se den cuenta de quién eres.
Abandona el resentimiento,
el pensar y pensar lo mismo,
lo único que consigues es dañarte
mentalmente, envenenarte, amargarte.
La vida es para ir adelante,
nunca para atrás.
Poque si andas por la vida dejando
“puertas abiertas”, por si acaso,
nunca podrás desprenderte,
ni vivir el hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran,
posibilidades de “regresar” (a qué?),
necesidad de aclaraciones,
palabras que no se dijeron,
silencios que lo invadieron.
!Si puedes afrontarlos ya y ahora házlo!,
Si no, déjalo estar, cierra capítulos.
Dí para tí mismo que no, que no vuelves.
Pero no por orgullo ni por soberbia,
sino porque ya no encajas allí,
en ese lugar, en ese corazón,
en esa habitación,
en ese escritorio, en ese oficio.
Ya no eres el mismo que se fue,
hace dos días, hace tres meses,
hace un año, por lo tanto,
no hay nada a que volver.
Cierra la puerta, pase la hoja,
cierra el círculo.
Ni tu serás el mismo,
ni el entorno al que regresas sera igual,
porque en la vida nada se queda quieto,
nada es estático.
Es salud mental, amor por ti mismo,
desprender lo que ya no esta en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es imprescindible.
Ni una persona, ni un lugar,
ni un trabajo, nada es vital para vivir
porque: cuando viniste a este mundo “llegaste”
sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre”
vivir pegado a el, y es trabajo personal
aprender a vivir sin él. Sin el adhesivo humano o
físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y,
humanamente se puede lograr porque, te repito:
!Nada ni nadie nos es imprescindible!
Sólo es costumbre, apego y necesidad.
Pero… cierra, clausura, limpia, tira,
oxigena, despréndete, sacude, suelta.
Hay tantas palabras para significar salud mental
y cualquiera que sea la que elijas, te ayudará
definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!
Pablo Coelho.
viernes, 12 de marzo de 2010
Expoliando...
Hasta aquí todo correcto, ¿verdad? Resulta que hace un par de días la Guardia Civil ha detenido a una banda de delincuentes dedicados el expolio de restos arqueológicos en la provincia de Cáceres. Estoy seguro de que este es el término correcto para dar la noticia, pero me hace gracia que se haya empleado tan alegremente por todos los medios. En todos los titulares que han hecho referencia a lo sucedido se ha empleado esta palabrita. Según se ve en el encabezamiento, todos podemos deducir que expoliar no es una buena acción precisamente, más que nada porque si lo juntas con “detenidos”, “banda” o “Guardia Civil”, la cosa no tiene buena pinta.
No es por nada, pero da la sensación de que todos los medios se las dan de entendidos, creando una pequeña sensación de inseguridad en el ciudadano de a pie, ya que estoy seguro de que al menos la mitad de la gente que lo ha leído con interés ha tenido que recurrir a la información interior, o bien al buscador de turno, para enterarse realmente de la noticia. Está claro de que es una palabra que no se usa casi nunca, y que ha aprovechado todo el mundo (hablo de los periodistas, claro está) para usarla y parecer algo más culto que el vecino del quinto, que el pobrecito no sabe lo que significa.
jueves, 11 de marzo de 2010
11-M
Hoy es 11 de marzo. Todos sabemos de sobra lo que aconteció aquel día de hace 6 años, no hace falta decir nada más. La verdad es que no había caído en la “trascendental” fecha hasta empezar a ver las noticias de estos días. Con tanto homenaje y tantos actos en memoria de lo acontecido no podremos continuar con nuestras vidas.
Me explico. No digo que se olvide, todo lo contrario (ni mucho menos familiares y amigos de las víctimas o los que lo hayan vivido “in situ” podrán deshacerse en sus pensamientos de semejante barbarie), es algo que se debe tener presente, saber que aquel día pasó algo que cambió nuestras vidas. Hoy día el terrorismo es un riesgo demasiado serio que todos tomamos como ajeno, hasta el día que pase algo de cerca (espero que no lo veamos ni yo ni todos los que me rodean). Sólo digo que con tanto homenaje y autobombo de los políticos de turno parece una feria, casi una celebración copiada vulgarmente de la que se hace de la masacre del 11-S, cuyo aniversario engendra una parafernalia mayor todavía, a lo americano, claro está.
El que quiera recordar todo lo que ha pasado, lo hará sin que nadie más diga nada, pero aquellas personas que quieran pasar página no podrán hacerlo si todos los años dedicamos tanto tiempo a recordar cuánto sufrieron aquellos que ya no están entre nosotros.
lunes, 8 de marzo de 2010
Un poquito de sentido común
Es algo bastante curioso, simplemente porque cada individuo tiene una perspectiva diferente de un suceso, por lo que el sentido común nunca puede ser el mismo para dos individuos, y no digamos para los millones de personas que habitamos el planeta. ¿De quién es ese sentido común entonces? Se puede decir que habría que aplicar el de la mayoría de la gente, lo más aceptado por norma (otro término que se puede analizar de idéntica forma), etc… pero no cuela. Con esto podemos deducir fácilmente que el llamado sentido común es una incoherencia, puesto que al no ser el mismo para todos no puede ser común.
De todas formas, siempre se puede recurrir a nuestro buscador favorito (pincha aquí) y encontrar alguna definición que, pese a ser errónea desde su punto de partida, pueda satisfacernos y poder aplicar su definición más aceptada.
martes, 2 de marzo de 2010
Pensamiento paralelo o lateral
La primera vez que escuché estas palabras no pude más que esbozar una sonrisa, que por poco llegó a convertirse en una sonora carcajada. Como dice algún “ilustre” personaje, nada más escucharlas, mi cerebro desconecta.
Los días siguientes estuve dándole vueltas a la cabeza sobre este tema. Sí, lo admito, en las últimas semanas e incluso meses he estado utilizando mi cabecita bastante más de lo habitual. A cuento de esto, acudí a mi amigo el buscador, y encontré algunos artículos ciertamente interesantes, que espero que os hagan reflexionar igual que a mi.
El término pensamiento lateral o creativo es introducido por Edward de Bono para distinguir los procesos mentales orientados a la perspicacia, la creatividad y el ingenio, de los procesos mentales lógicos o verticales. El pensamiento lógico se encuentra ampliamente arraigado en nuestra cultura por las formas tradicionales de la educación, en las que se da un énfasis especial a la construcción del conocimiento en forma ordenada y lógica en base a paradigmas.
Por el contrario el pensamiento paralelo sería la construcción del conocimiento mediante una reestructuración perspicaz de los conceptos ya existentes en la mente, en la que justamente y en oposición al pensamiento lógico no se toman en cuenta paradigmas previos. Con el pensamiento lateral rompemos el patrón “lógico” al que estamos acostumbrados, vemos a través del mismo logrando obtener ideas sumamente creativas e innovadoras. En particular la técnica se basa en que, mediante provocaciones del pensamiento, salimos del camino habitual, de nuestro patrón de pensamiento natural.
El pensamiento lateral tiene como fin la creación de ideas nuevas. Es posible de desarrollar tan igual como se desarrolla el pensamiento lógico o el matemático, a través del uso constante y sistemático de ciertas técnicas, aplicándolos a la solución de problemas de la vida diaria y profesional. En vez de esperar simplemente que la perspicacia y la creatividad se manifiesten por sí mismas, propone el empleo del pensamiento lateral de manera consciente y deliberada.
Algunos ejemplos y ejercicios de pensamiento lateral:
http://cibermitanios.com.ar/2009/10/pensamiento-lateral.html
http://personales.ya.com/casanchi/rec/later001.htm