miércoles, 5 de junio de 2013

La política del burro



O la del “y tú más”. Y es que la desazón con la que contemplamos los ciudadanos al espectáculo que nos brindan nuestros dirigentes casi a diario tiene un límite, ¿pero hasta cuándo aguantaremos?

Ya no se trata de ser de un color, o amarrarse a un lado u otro perpetuamente. ¿Cuántas propuestas se tienen en cuenta cada día sin tener en cuenta quién la formula, valorando algo tan sencillo como la utilidad a la sociedad y su viabilidad?

Hoy se puede leer en la prensa que “la red de alta velocidad en Extremadura es imprescindible". Quien dice semejante tontería a estas alturas, o no vive en la realidad o nos intenta tomar el pelo. En su día, los burros, unos y otros, se jactaron de conceder a Extremadura una golosina con la que alardear, sin pensar demasiado en las consecuencias que ello tendría.

Porque poca gente en Extremadura se podría permitir un billete en AVE de manera regular para ir a Madrid. Y claro, luego la red ferroviaria no es rentable y nos echamos las manos a la cabeza, porque todo en esta vida se mide en euros. El mantenimiento de una línea de alta velocidad consume muchos recursos a diario, y el coste no es fácil amortizarlo. Que se lo digan a las líneas de Sevilla o Barcelona.

Ya se dijo en tiempos, no es nuevo, y dejando aparte la absurdez de querer llevar el AVE no sólo a Extremadura, sino a cada rincón de la Comunidad Autónoma, la red actual obviamente deja mucho que desear en el siglo XXI, y es necesario y urgente renovarla, pero renovarla con sentido y acorde a los potenciales clientes.

Con las obras prácticamente paralizadas se replantea la solución definitiva, aprobando un tren “de altas prestaciones” (habrá que verlo) en los tramos cuyas obras ya están en fase de ejecución, y mejorando la existente en aquellos que todavía no se han tocado (mucho tendrán que mejorarlo).

En cualquier caso, el desconcierto de la sociedad frente a la clase política cada vez es mayor, y habrá que pararlo algún día. Rogaría que en vez de echarse los trastos a la cabeza entre ellos, se sentaran con el único propósito del bien común (el de los cuarenta y pico millones de ciudadanos). Y sólo así los burros ya no serán tan burros.