martes, 17 de mayo de 2011

Ya vienen, cargados de ilusiones

Ya vienen, cargados de ilusiones...

Si hay una fecha en la que la cara de los niños (ejem) refleja una chispa especial, esa es, con permiso de Papá Noel y de los Reyes Magos, la llegada de la feria a tu ciudad. Toda una explosión de luces, sonidos, olores y movimiento que no deja indiferente a nadie. La masiva afluencia de gente llegados de todos los pueblos de alrededor, y actividades para casi todos los gustos (siempre hay gente a la que no le gusta e incluso que huyen de la ciudad), dan un ambiente difícilmente explicable de la que es la festividad que concentra la mayor congregación de espectadores de toda la región.

Estas últimas semanas en el recinto hípico se han vivido jornadas intensas, con la instalación de las casetas y de los populares cacharritos, que harán durante los próximos días las delicias de grandes y pequeños. Si has tenido suerte, cual avistamiento de una estrella fugaz, quizás te hayas encontrado por la carretera con un trailer de aparatejos extraños con bombillas, o tómbolas ambulantes.

Si has visto algo parecido, espero que hayas aprovechado y pedido un deseo, a ver si acaso se cumple (quién sabe, ¿no?).

Entre bombilas, música, botellones, tómbolas, hamburguesas y algodones de azúcar hay diferentes tipo de historias y vivencias. Todos tenemos un amigo de un primo de un vecino (podemos invertir los términos, que la teoría también sirve) que ha comentado esa frase lapidaria: "pues en la feria el que no liga es porque no quiere, cómo me lo he pasado yo allí...". Tras un profundo estudio de 10 segundos basado en toda mi dilatada experiencia en estos temas, he sacado la conclusión de que esto es tan cierto y veraz como tirar del cordón a San Antonio, o darle un abrazo a Santiago Apóstol. (Buah, seguro que mi problema es que de pequeño me barrieron los pies, fijo).

Sea como fuere, espero que todos disfrutemos al máximo de estos, tan especiales días, desde hoy mismo, que aunque hasta el próximo martes no se inaugura oficialmente con el tradicional castillo de fuegos artificiales, ya están casetas y atracciones a disposición del público. Un saludo a todos, felices fiestas de San Fernando 2011 y que liguéis todos un montón!!

lunes, 4 de abril de 2011

La fuerza del silencio

Cuando Chamberlain comprendió que no era el Primer Ministro capaz de ser el jefe de Inglaterra en guerra, eligió él mismo a su sucesor, como era entonces la tradición en el seno del partido conservador inglés, y designó a Lord Halifax.

Para dar al gobierno la máxima eficacia, quiso que Churchill formara parte del gabinete. Le convocó y le dijo: "Halifax es el mejor, sin embargo también le necesitamos a ud. ¿Acepta ser el número dos?.

Churchill, por patriotismo, por deber, por esa auténtica grandeza que es la abnegación ante un interés superior, le dijo que sí. Unas horas después, un hombre que tenía algo de duende, Lord Beaverbrook, un magnate de la prensa inglesa de aquel tiempo, pide a Churchill que le reciba urgentemente y le dice: "Parece ser que ud. ha aceptado que Halifax sea el primer ministro. ¡No es posible!”. Churchill responde que se trata de un asunto de estado y que no discutirá con él. Beaverbrook insiste. Churchill le hacer ver que no podía actuar de otra manera.

Beaverbrook le dice entonces: "Es un crimen contra la nación, sólo ud. puede movilizar a Gran Bretaña", e insiste y discute. Churchill está convencido, en el fondo, de que Beaberbrook tiene razón, sin embargo le contesta de la única manera que puede: "He dado mi palabra y la mantendré".

Entonces Beaverbrook le responde: "Sólo le pido una cosa. Cuando Chamberlain le convoque con Halifax y le pida que confirme su aceptación, quédese callado tres minutos. Tres verdaderos minutos. Ciento ochenta segundos antes de decir que sí, en nombre de Inglaterra se lo pido".

A Churchill esto le parece ridículo y no ve como una cosa así puede cambiar la situación. Sin embargo, como es amigo de Beaverbrook y le estima, se lo promete.

Al día siguiente, Churchil y Halifax están en el despacho de Chamberlain quien dice: “¿Quiere ud., por favor, confirmar a Lord Halifax que ud. acepta formar parte de su gabinete?" Churchill se queda callado. Un minuto; sigue callado. Un minuto y medio; Sigue callado. Antes de que hayan pasado tres minutos, Lord Halifax dice: "Yo creo que Winston Churchill es quien debe ser el primer ministro".

Lo menos que puede decirse es que estos tres minutos han jugado un papel importante en la historia de la Segunda Guerra Mundial, y por ende, en la situación global actual.


Extracto del Libro "Si je mens" de Francoise Giroud.

viernes, 11 de marzo de 2011

Sin miedo (escénico)

Sólo hace unas escasas horas que el Gran Teatro de Cáceres ha ofrecido la segunda jornada del espectáculo de monólogos denominado “Cáceres??? Como para tomárselo a broma!!!” en el que todos los jueves del presente mes de marzo participan diversos personajes de distintos sectores sociales de la ciudad que durante unos minutos repasan, en clave de humor, la actualidad cotidiana de la capital cacereña.


Más que las historias en sí, algunas de las cuales me han parecido divertidísimas y en las que no he parado de reír, vaya mi admiración por estas personas que están siendo capaces de subirse a un escenario delante de una sala abarrotada y simplemente contar algo.

Como dice un amigo, creo que con bastante razón, son las ganas de demostrar que Cáceres no está muerto, y que con poca infraestructura y probablemente muchas ganas y esfuerzo, se pueden hacer grandes cosas.

Mis felicitaciones a los responsables de Avuelapluma, organizadores del evento, que se lo han currado. Y al que todavía no lo haya visto, que se pase, que todavía habrá monólogos durante tres semanas más.

martes, 8 de marzo de 2011

110 narices (o ideas al aire)

La reciente reforma del Gobierno que todos conocemos de rebajar la velocidad máxima de 120 km/h a 110 en autovías y autopistas del Estado, tanto de titularidad pública como privada, tiene como idea fundamental fomentar el ahorro de petróleo debido al aumento de los precios que está experimentando el barril de referencia por efecto de los sucesos en los países del norte de África.


Si el motivo radica en una posible futura escasez de crudo, no quedará más remedio que callarse y aceptar la medida, pero no me cuadra todo esto cuando se empieza a difundir que todo son ventajas.

Por ejemplo, nos dicen a los ciudadanos que así ahorramos en época de crisis. Es curioso que ahora nos obliguen (otra vez) a hacerlo, después de haber subido no sé cuántos impuestos. Todos sabemos que si vamos un poco más despacio en la carretera los vehículos consumen algo menos, y eso debe quedar a elección de cada uno, ya que se debe comparar el coste económico que realmente se produce con el del viajero, en el que valoramos su tiempo y comodidad (este tiene un nombre, pero ahora mismo no lo recuerdo).

Otra consecuencia lógica de la reducción del límite de velocidad pasa por la disminución de accidentes, y especialmente los que tienen víctimas mortales. ¿Está justificado que por salvar 50, 10 o 1 vida se haga esta modificación? Es un asunto que podría debatirse, pero que pierde toda su fuerza cuando esta situación es temporal, con fecha de caducidad. En verano volveremos a la normalidad, y se cambiarán las señales de nuevo.

¿Tiene esta medida afán recaudatorio? También es otro asunto del que se puede discutir largo y tendido, y seguramente no nos pongamos de acuerdo. A mi siempre me ha parecido lícito que haya sanciones económicas por el incumplimiento de las leyes de tráfico. Es de perogrullo, pero muchas veces no nos damos cuenta de que manejamos máquinas capaces de matar, y a veces pienso que el hombre (y/o la hembra, no se me ofendan) sólo aprende a base de prohibiciones y multas. Otro caso, en el que sí discrepo, es el de la norma que se sanciona*, pero una vez que está aprobada, si la Administración tiene ingresos extra por nuestro incumplimiento, no me parece mal.

¿Por qué se han utilizado distintas formas de modificar las señales? En algunas CCAA han cambiado la señal entera, en otras, han puesto una pegatina o un imán con la leyenda 110, o también se ha tapado solamente el 2 por un 1. ¿Esto no lo asume el Estado? Pues la solución debería ser la misma en todo el territorio, creo yo, es algo que no entiendo.

Por cierto, según las actuales leyes, El Gobierno tiene potestad para reducir los límites de velocidad siempre por causas de seguridad, cosa que no sucede en este caso, y por lo que deberían haber modificado primero dicha Ley para poder hacerlo por los motivos actuales.

Y una última de regalo que no viene a cuento: ahora que todos probablemente tengamos nuestras casas llenas de lámparas de bajo consumo, que sepáis que contienen un gas de mercurio que pese a su escasa cantidad es altamente contaminante.

* en este caso, el ejemplo está bien claro, el límite de velocidad de 110 km/h lo veo absurdo, precisamente en el momento en que la seguridad de los vehículos y las carreteras ha mejorado una barbaridad con respecto a años anteriores. Recuerden que la causa principal de los accidentes son las distracciones, no la velocidad.

lunes, 21 de febrero de 2011

Tipos de árbitros, por Lucio Angulo *

“A riesgo de ganarme la enemistad de otro gremio… ¡ah, demasiado tarde! Ya me odian. Bueno, voy a aventurarme a hacer una serie de apartados en cuanto a los tipos de árbitros que creo que existen. Decir de antemano que los considero un gremio sacrificado y que vienen a ser como un gimnasio en enero: llenos de buena voluntad”

- Árbitro “Tiger” Woods: tiene una apariencia monacal; “jode” que no veas y al final, cuando la cosa se le va de las manos, puede incluso llegar a arrepentirse y decirte un tierno: “quizás me haya confundido”

- Árbitro Río de Janeiro: él pita y pita y pita… que te da la sensación de estar en el Carnaval de Río de Janeiro. En ocasiones me han dado ganas de empezar una conga. Siempre he sido respetuoso y me he controlado, que conste

- Árbitro Falete: este árbitro “suele dar el cante”. No sabes exactamente de qué palo va y, en cuanto ve una cámara, se pone nervioso

- Árbitro camarera guapa: es el típico al que tú hablas y hace como que no existes. Entonces te entra el síndrome del “hombre invisible”: te dan ganas de acercarte a un compañero y preguntarle: “¿Tú si me ves verdad?”. Generalmente tú te ofuscas más ante su impasibilidad. Es tal su parecido con el gremio de las camareras que piensas que en cualquier momento va a saltar y decirte: “¡Y déjame que tengo novio!”.

- Árbitro policía de tráfico: tú ves situaciones de conflicto, faltas, cosas a penalizar, crispación creciente y, con tu inercia por seguir las normas, las reglas establecidas, miras implorante al árbitro en cuestión y él grita: “¡siga, siga!”. Entonces tú… aceleras.

- Árbitro Jenna Jameson: luce bien, cuenta con muy buena presencia, pero a la hora de la verdad… se traga el pito.

- Árbitro Matamoros: vienen cabreados de serie. El nivel de su voz supera los decibelios habituales en un after a las 10 de la mañana. Puede incluso hablar tres octavas por encima de cualquier voz.

- Árbitro maternal: es el árbitro que está muy pendiente de ti y te repite una y otra vez: “métete la camiseta por dentro”. Te lo suelen decir en un tono delicado. Mi record en un partido está en ocho (es que soy enjuto y como me muevo mucho se me sale… la camisa). No me sorprendería que siguiendo esta línea fueran más allá y nos dijeran cosas como: “y no arrastres los pies”. Y, al sentarnos al banquillo, se acercaran tiernos y nos aconsejasen: “Abrígate, que te vas a enfriar"


* NOTA: Publico esta entrada en respuesta a su sospechosa eliminación del blog que tiene el propio jugador en el portal de la Federación Española de Baloncesto. Creía que la etapa de la censura ya había pasado hace mucho.

viernes, 18 de febrero de 2011

La esencia de la Copa

Cuando llevamos solamente unas pocas semanas del año transcurridas, llega la cita deportiva de mayor espectáculo y repercusión del baloncesto español, y con ello el primer gran torneo en juego.

Con el entusiasmo propio de los aficionados que disfrutamos con el deporte de la canasta, nos hemos acomodado durante cuatro días seguidos delante del televisor para seguir con todo detalle la Copa del Rey disputada días atrás en el Palacio de los Deportes de Madrid. Una gran fiesta del deporte que tiene su base principalmente en el impresionante respaldo de las ocho aficiones para con sus equipos, en un ambiente difícil de olvidar lleno de muy distintas emociones que se suceden en unas pocas horas.

La especial ilusión seguramente sea mucho más notoria en los seguidores de aquellos equipos llamados a dar la sorpresa, los que acuden al Palacio de los Deportes con poco que perder y muchísimo que ganar. Al disputarse cada eliminatoria a un único partido, raro era el año en el que no se producía alguna sorpresa, con la eliminación de equipos teóricamente superiores.

Pero hoy día las diferencias de presupuestos empiezan a ser abismales y ya no es tan sencillo para ellos pasar al menos la primera ronda, pero pese a todo la esencia de esta competición permanece intacta.

¿Se me nota mucho la nostalgia?